15 abr. 2008

Monumuerto Nacional





Comienzo “damallerosamente”, atendiendo a la incógnita del significado de la conmemorada palabra Monumento. Según la lingüística de Saussure, el término tiene más de un sentido,el que se encadenan en:

1-Hacer que uno evoque lo que fue, estimularlo al recuerdo.
2-Advenir o compromete a alguien a hacer algo, en el presente.
3-Predecir o anunciar una eventualidad, en el futuro.

El diccionario ideológico de la lengua española no está lejos en decir “ hacer pensar en algo”,“recordar”, (algo o alguno).

Conciliándonos ya con el significado, me aventuro a exclamar afirmativamente que nuestros monumentos nacionales como las estatuas y bustos, no resisten la atracción de un trenseúnte santiaguino con su abandonada majestuosidad. Me pregunto yo por qué las estatuas no tienen rueditas que ayuden a replantearse el lugar por donde ya no son atendidas.

Debo corregirme ante ustedes, pues algunas sí son atendidas,¿ acaso no es cierto que muchas de estas estatuillas son de gran ayuda para fijar puntos de encuentros previos para posteriores actividades?. O acaso usted no ha escuchado “juntémonos al ladito del pilucho”, refiriéndose a la mística estatua que con arrogancia protege a los distraídos de perderse en pleno estadio nacional. Otros más osados, se aventuran en juntarse justo frente a la improvisada moica que se impera ante los rulos de un obviamente irreconocible Bach, en pleno parque forestal. O como no recordar el exiliado hombre caminante de la estación Pedro de valdivia o al “caballo” en plaza de armas.

Pero, ¿Será ésta a razón predominante de un llamado “monumento nacional”?… ¿Qué tanto nos identifica hoy un Ohiggins montando en su caballo?…nos recuerda lo que fue aquellas estatuas instaladas forzosamente en el cerro santa Lucia?… ¿Cuánto tienen que ver estas estatuas en nuestro paisaje de ciudad?. ¿Cuál es la idea mezclar en nuestro paisaje de ciudad, una piedra cada dia más indiferente a su entorno social y urbano como un modo de preservar la ya no preservada memoria colectiva?.

Justamente, Jorge Lobos habla de la arquitectura como “no el de las bellas artes, ni en el sentido administrativo, burocracia gubernamental de la cultura”.¿Tanto les cuesta a nuestro Consejo de Monumentos Nacionales darse cuenta que estos íconos, están expuesto a caducidad a medida en que cambian las prioridades de sus habitantes y van construyendo con el dia a dia sus propias identidades colectivas y apegos emocionales?. Es de preguntarse entonces, por qué la tendencia arquitectónica acuden cada vez más a lo simbólico que a lo iconográfico. Ya no son caras las que protagonizan las nuevas esculturas, ahora son formas abstractas que “persiguen la expresividad de las formas tridimensionales… Las formas artísticas nos invitan a poner a prueba nuestras capacidades perceptivas y nuestro intelecto…conectan el arte de hoy con los universos imaginativos más remotos, tanto en el tiempo como en el espacio. La recompensa: compartir la visión del mundo y la sensibilidad de otras culturas, comprender que las diferencias muchas veces son sólo aparentes y descubrir que, al término de ese ciclo apasionante, la búsqueda continúa.” ( “El Mundo del Arte”, de Océano Grupo Editorial).No podemos creer por lo tanto, que la majestuosidad de un monumento nacional, está ajeno a los conceptos arraigados por la aculturación.

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